Pedagogía

Cómo activar con éxito el trabajo final de carrera

Dra. María Ruiz Juri
Directora de la Maestría en Gestión de la Educación en Entornos Digitales (UBP)

Mgter. María Eugenia Méjico
Coordinadora de la Maestría en Gestión de la Educación en Entornos Digitales (UBP)

Viernes, 28 de noviembre de 2025

La Universidad Blas Pascal (UBP), a través de su Secretaría de Posgrado y la Maestría en Gestión de la Educación en Entornos Digitales, fue el escenario de una enriquecedora jornada de reflexión y capacitación: la Jornada Indoor "Cómo activar con éxito el trabajo final de maestría". El evento reunió a estudiantes, docentes de la Carrera y especialistas para desentrañar los desafíos del proceso de investigación y escritura académica, desde la planificación inicial hasta la comunicación asertiva de los resultados.

El inicio del proyecto de tesis: diseño y apertura creativa

Para activar con éxito el inicio y diseño de un proyecto de tesis es fundamental asumir que la investigación no debe empezar con certezas, sino con preguntas fértiles. Un buen comienzo no se basa en la búsqueda inmediata de respuestas, sino en la capacidad de delimitar un problema significativo, detectar un vacío o tensión en el campo de estudio y convertirlo en un punto de partida operativo. Esto implica mapear lecturas iniciales, explorar antecedentes, identificar posibles enfoques y construir un marco que no esté completamente cerrado, sino lo suficientemente flexible como para dejar entrar lo que la propia investigación y escritura vayan revelando. Diseñar un proyecto de tesis, en este sentido, consiste menos en levantar un plano rígido que en crear un andamiaje metodológico y conceptual que oriente el trabajo sin sofocar la emergencia de nuevas ideas.

“Pensar fuera de la caja” se vuelve entonces una condición indispensable, no como un gesto de originalidad superficial, sino como una disposición a desarmar las maneras habituales de mirar un problema de investigación. Activar el pensamiento creativo permite cuestionar supuestos, escapar de moldes repetidos y habilitar interpretaciones que no se limiten a reproducir lo ya dicho. Esta apertura no significa improvisar, sino combinar rigor académico con imaginación crítica: leer más allá de lo evidente, buscar conexiones inusuales, traer al diálogo autores, casos o metodologías que expandan los límites del tema. Pensar por fuera de los marcos establecidos no solo enriquece el proyecto, sino que le otorga profundidad conceptual y singularidad, permitiendo que la tesis no sea un simple trámite académico, sino un verdadero ejercicio de pensamiento crítico y producción original.

La tesis: un acto de escritura y pensamiento

Uno de los aforismos centrales que resonó en la jornada, rompiendo con la concepción tradicional, fue: “Las tesis no se hacen, se escriben”. Esta idea subraya que el trabajo final de carrera no es solo la ejecución de un plan, sino fundamentalmente un “dispositivo verbal”, en palabras del semiólogo Roland Barthes.

En este sentido, la escritura de una tesis no es la etapa final de una investigación ya cerrada, sino el medio a través del cual la investigación se produce, se afina y cobra forma. La escritura opera así como un laboratorio intelectual: obliga a ordenar, conectar, jerarquizar y repensar aquello que creemos haber comprendido. Las preguntas se reformulan, los argumentos se tensan, las certezas se vuelven provisionales. La tesis, entonces, no se ejecuta: se piensa escribiendo.

Esta perspectiva libera al tesista de la exigencia de tener todo resuelto desde el principio y lo/a invita a asumir la escritura como un proceso exploratorio, no lineal, donde lo esencial no es cumplir con un protocolo rígido, sino habilitar un modo singular de producir conocimiento. La tesis se vuelve así el registro de un trayecto intelectual, más que la certificación de un resultado. En lugar de un producto cerrado, se transforma en un acontecimiento de pensamiento, un lugar donde el autor se enfrenta con su propia voz, sus dudas y sus hallazgos.

El proceso de la tesis: de la arcilla a la nube

El desarrollo de un trabajo final de carrera se abordó como un proceso que va de lo informe a la versión pulida, o metafóricamente “De la arcilla a la nube”. Así se llama el nuevo libro de Marcelo Casarin y Ricardo Irastorza que acerca a los lectores una serie de reflexiones sobre la escritura científica-académica y algunas recomendaciones que pueden ayudar a construir textos de este tipo y luego publicarlos.

Este proceso de tesis se estructura en tres grandes momentos:

1. Planificación
Esta etapa es el verdadero nacimiento de la investigación, ese momento inicial en el que un torbellino de ideas, esquemas y palabras sueltas comienza a tomar forma y a insinuar un rumbo posible. Es un tiempo de creatividad plena, donde los mapas conceptuales se convierten en herramientas para visualizar relaciones aún tentativas y donde cada trazo abre una vía nueva. También el índice emerge como una hipótesis de trabajo, una primera arquitectura que organiza la intuición en torno a las partes clásicas —introducción, desarrollo y conclusión—, que funcionan menos como un molde fijo que como una primera imagen de aquello que se buscará demostrar. En este punto, la referencia a Cómo se hace una tesis de Humberto Eco, aparece como una brújula indispensable, recordando que el camino se ordena mientras se escribe y que toda tesis comienza, justamente, por aprender a darle forma al caos inicial.

2. Textualización
La textualización marca el momento en que la investigación desciende finalmente a la escritura, a esa cocina íntima donde el texto empieza a tomar cuerpo. Es la fase del borrador, del prototexto y de la escritura automática, una invitación a “escribir lo que salga”, desconectar la razón de las emociones para evitar el bloqueo y dejar que las ideas fluyan. Luego llega la revisión, ese trabajo paciente de volver sobre lo escrito con ojos de lector, aplicando la crítica como herramienta de mejora. Aquí se vuelve imprescindible la guía de Daniel Cassany y su manual La cocina de la escritura, donde se promueve el uso de frases breves y la construcción de párrafos como unidades de sentido, con una idea principal y otras que la acompañan. Así, entre el impulso creativo y la revisión consciente, la escritura de la tesis se va afinando hasta encontrar su forma.

Es importante tener en cuenta que el proyecto de tesis se escribe en tiempo futuro porque orienta la acción y describe lo que se hará. En cambio, la tesis o informe de trabajo final de carrera, relata la investigación concluida, o sea, lo que se hizo y por lo tanto se escribe en tiempo pasado. 

3. Versión final
La versión final representa el momento del pulido definitivo, cuando el texto busca alcanzar su máxima legibilidad. Es la instancia en la que la atención se desplaza hacia la forma: la legibilidad gráfica, la claridad visual, la armonía del diseño y el cuidado minucioso de cada detalle que contribuye a que la lectura sea precisa y amable. En esta etapa, el manual de estilo y las normas para autores se vuelven aliados indispensables, ya que aseguran la adhesión a los estándares académicos y garantizan que el trabajo se presente con el rigor y la coherencia que exige la comunidad científica. Así, el proyecto culmina no solo en lo que dice, sino también en cómo lo dice.

Encontrar la propia voz en el texto académico

Construir la propia voz en el texto académico constituye uno de los desafíos más complejos y, a la vez, más decisivos para quien escribe una tesis. No se trata solo de dominar un conjunto de normas formales o de citar correctamente, sino de aprender a habitar el discurso, a reconocer qué tono, qué postura y qué modo de decir construyen una presencia autoral legítima dentro del campo científico. En esta búsqueda se vuelve central la noción de polifonía propuesta por Bajtín, que entiende la escritura académica como un entramado de voces en diálogo: un “aparato erudito” donde conviven la enunciación propia —ese “yo” singular o plural que asume la responsabilidad de las ideas— y las voces de otros autores, incorporadas mediante citas, referencias o discusiones críticas. La dificultad está en lograr que ese coro no ahogue la voz del tesista ni la haga desaparecer, sino que la fortalezca y la sitúe en una red de discursos que la sostienen y la desafían.

Una de las estrategias analizadas para gestionar esta convivencia vocal es el uso de formas impersonales y construcciones nominales, recursos que permiten simular una presencia atenuada del autor y dotar al texto de una objetividad aparentemente neutra. Sin embargo, esta aparente distancia no elimina la voz autoral: la desplaza, la transforma y la vuelve más estratégica. En este proceso, la figura del director, tutor o asesor adquiere un papel fundamental. Su función no es solo corregir o validar, sino acompañar al tesista en la construcción de una voz propia capaz de moverse entre lo personal y lo impersonal, entre la creatividad y el rigor. La conocida fábula de “El conejo que quería escribir una tesis” ilustra de manera humorística esta relación: por más insólito que parezca el tema elegido, el éxito depende en gran medida de contar con la guía adecuada —ese “león”, que representa a la figura del director de tesis, que sabe orientar, proteger y encauzar—. Así, encontrar la voz propia no es un gesto espontáneo, sino un proceso guiado, dialogado y profundamente reflexivo.

Del dato al impacto: comunicación de resultados

La jornada culminó con una reflexión clave: cómo lograr que los datos obtenidos tengan un impacto real dentro del ámbito académico. El propósito es preciso y estratégico: pensar qué quiero que le pase al tribunal cuando me escuche. Para ello, la estructura de una exposición efectiva debe responder a la lógica de una curva de atención, en la que cada momento cumple una función específica. La introducción (10% del tiempo) debe captar el interés e instalar el problema; el desarrollo (80%) sostiene la atención mediante la presentación clara y ordenada de los contenidos; y el cierre (10%) busca generar impacto, fijar el sentido de las conclusiones y dejar una huella en quienes evalúan.

Para facilitar esta organización, se propuso una analogía con El Viaje del Héroe de Joseph Campbell, donde el investigador asume el rol de protagonista que atraviesa un desafío, guiado por un mentor, y retorna transformado por la experiencia investigativa. Finalmente, se subrayó la importancia de la dimensión no verbal en la exposición: el cuerpo también comunica. La postura de presencia, la mirada activa y una gestualidad acompañada y precisa se revelan tan significativas como la solidez de los argumentos, completando así una presentación capaz de unir conocimiento, narrativa y presencia escénica.

La Jornada Indoor de la Maestría en Gestión de la Educación en Entornos Digitales proporcionó herramientas metodológicas, conceptuales y discursivas esenciales para enfrentar con éxito el desafío del Trabajo Final de Maestría, reafirmando que el proceso de tesis es un camino riguroso que se construye con esfuerzo y dedicación.

Referencias bibliográficas

  • Arán, Pampa Olga … [et al.]. La herencia de Bajtín: reflexiones y migraciones. Córdoba: Centro de Estudios Avanzados, 2016.
  • Barthes, Roland. Introducción al análisis estructural de los relatos, en: AA.VV.: El análisis estructural, Centro editor de América Latina, Buenos Aires, 1977.
  • Campbell, Joseph. El viaje del héroe. Joseph Campbell en su vida y obra. HarperCollins, 1990.
  • Casarin, Marcelo. De la arcilla a la nube: escribir ciencia: normas y estrategias. Córdoba: Centro de Estudios Avanzados, 2020.
  • Cassany, Daniel. La cocina de la escritura. Anagrama. Barcelona, 1995.
  • Eco, Umberto. Cómo se hace una tesis. Gedisa, 1992.

Maria Ruiz Juri

Maria Eugenia Méjico

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